13 – [Quitapenas. Cooperativa de Servicios Limitada]
En algún rincón del Barrio Eva Perón, allá al fondo de Lanús Oeste, David piensa en como pasó todo: la pérdida de la confianza, el asesinato de Pablito, los muchachos vaya a saber dónde, el abogado desaparecido; y a la luz de la luna su mujer y los tres pibes mirando el horizonte, como tratando de encontrar el destino de la mirada del hombre. La vida en el barrio siempre fue dura; unos pocos meses en la escuela -hacía casi quince años- luego la calle, alguna que otra changa como ayudante de albañil, el ingreso frustrado a la Bonaerense -“sin primaria completa no se puede” le dijeron en la oficina de reclutamiento- muchas promesas de políticos incumplidas, la muerte de la vieja -”la ambulancia no llega hasta el fondo de la villa” dijo el médico que se animó solo- y el hambre, quizás el único compañero fiel que estuvo siempre junto a él. Add a commentDoce – [Hoja en blanco]Esa cálida noche de mediados de noviembre tuvo algo particular. Algo que si bien no me era ajeno, durante horas me hizo sentir ansioso, expectante, irresuelto. Ese algo era el papel en blanco. Lugar en el que he habitado más veces de lo que hubiera deseado. Sitio plagado de voces que me dicen, a veces susurrando, otras implorando y las más gritando: “vamos… despertate que no tengo toda una vida”. El papel como un lienzo virgen que espera la visita del artista, y que cuando lo debe recibir, se niega, también en voz alta. Once – [El submundo amarillo]
- No le entiendo señor. - La de escribir, señor. Diez – [Horacio, el 3CV rojo y la flaca]
- Hola. Nueve – [En el nombre de Dios]
- Ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. El Padre Juan, sacerdote ordenado en 1959, estaba a cargo de la Iglesia de Colonia General Paz desde mediados de 1977. Había sido elegido para esa responsabilidad por el Obispo Igarreta, ambos eran fieles a la Obra de Dios, organización defensora de la moral y las tradiciones cristianas. Ocho – [Ensaimadas con café doble]
Ruta camino a Rosario, diez de la mañana de un día lluvioso, frío, húmedo. Uno de esos días en los que hubiera preferido quedarme en la cama, acurrucado junto a la morocha, mezclándome entre sus rulos. Pero bueno, nunca es triste la verdad lo que no tiene es remedio, y hoy más que nunca siento que es una de esas verdades absolutas. ¿Por qué? Y qué se yo. Lo siento de la misma manera que siento el frío y el motor del auto en la planta del pie derecho, la del acelerador. Cartel de máxima 80, se viene el peaje de Zárate. Tres con treinta, tengo cincuenta mangos, espero que tengan cambio, no tengo ganas de esperar. Lo que quiero es llegar a San Pedro, al Automóvil Club de Río Tala, a tomarme un feca doble con una ensaimada rellena de crema pastelera. Huuumm, se me hace agua la boca. Todavía faltan casi cien kilómetros, poco menos de una hora, espero que queden ensaimadas. Si no hay, le voy a dar a un sacramento relleno de crudo y queso, tostado. Add a commentSiete [Ramírez, uno más de los nuestros]- Hay algo que no entiendo. Seis [En la 221]- Te llamé para proponerte algo que pienso te va a gustar Cinco [Miedo, ansiedad, calor...]Miedo, ansiedad, calor, sequedad, vértigo, sopor, palpitaciones, calor, ansiedad, sopor, sequedad, vértigo, palpitaciones, miedo. Y de nuevo, todo a la vez, cada vez más intenso, más fuerte, más doloroso. Así, sin orden preestablecido, al mismo tiempo, como latigazos sobre mi maltrecho cuerpo. Desde los pies, hasta la cabeza; desde la punta de las manos, hasta la columna. Como llamas que me calcinan, como hogueras que me secan, como ríos que me ahogan. Hielo sobre mis labios, fuego sobre mis palmas, sed, dolor, miedo. Sensaciones que nunca antes viví y que ya forman parte de mi realidad, de esta cruel realidad que me lleva hacia el fin. Minutos que parecen días. Ahogo. Estoy atrapada en un mundo, mi mundo, sin lugar para respirar, sin espacio para ocupar. Miedo, ansiedad, calor, sequedad, vértigo, sopor, palpitaciones, calor, ansiedad, sopor, sequedad, vértigo, palpitaciones, miedo. Caída libre, vértigo. ¿Hacia dónde? ¿Hay algo después, más allá? No sé, realmente no sé. Sólo puedo sentir, dejarme llevar, abandonarme a mi destino. Add a comment Cuatro [Amigas]Siempre cuando necesito descansar, a esta pesada se le ocurre que haga algo. Esta historia ya me está cansando. O acaso ella no descansa cuando tiene ganas. Bien que cuando vuelve de trabajar lo primero que hace es echarse en el sofá a mirar la caja boba. Yo en realidad no sé que le encuentra a ese maldito aparato, que es como una ventana pero sin olores, ni sabores, en donde todo se ve ficticio y chato. Está allí por horas, dele que dele al botoncito, hasta que viene él y empiezan a discutir. Y si no está con esa ventana de mentira, está con la otra, con la que se ríe, escribe, habla, la mira y escucha música. Bueno, si a eso se le puede llamar música. Es como si le faltara una parte de su oído interno. Todo es estridencia, todo lo que escucha es molesto, agudo. Yo no sé por qué no sale a caminar, a disfrutar del sol, del parque, de los árboles, a correr pájaros viendo como se elevan en el aire. Add a comment Tres [Milicos eran los de antes]
- ¿Objetividad me pedís? ¿Qué, aprendiste una palabra nueva? Mirá, este bife está seco, y eso no lo puedo ver de manera objetiva. Me lo voy a morfar yo yo igual a sujeto, y este sujeto piensa subjetivamente y para mí es una suela de ojota. Por favor lleváselo al que lo convirtió en un fósil que soportó la erupción del Vesubio y traeme otro que esté más cerca de hacer “mú”.
- Bueno… parece que la noche no fue buena. ¿Qué le pasó? Se levantó y se miró al espejo?
- No, en mi casa no tengo espejos. Tengo miedo de enamorarme de mi mismo. Andá, y traeme un cuarto de tinto y soda. Y un poco de hielo.
- Buenassss, provecho.
- Hola Carlitos. Vení, sentate. ¿Me acompañás a comer?
- Cafecito nomás
- Un café en jarrito Morales, con sacarina.
- Gracias Pablo. Mirá que no tengo un mango. Vine porque te quería hablar.
- No te preocupés, por ahora el bolsillo me da para invitar un feca. Decime.
- Sabés. Estaba pensando en lo del otro día, ¿te acordás de lo que hablamos?
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Dos [Ella, él y...]
Pensar que sólo fue mentira es, quizás, lo más sencillo. Abandonarse en la comodidad de la negación me hace bien; bueno, quizás eso quiero creer para no enfrentar la realidad. Pero ¿cuál es la realidad? ¿La del mundo de todos los días, la que vivo en la calle, en mi casa, en mi soledad? O es la que viene a mí cada noche, en cada sueño, en lo más profundo de mi inconsciente. Esa realidad, tal vez irreal, que me acompaña con su caricia aliviadora, que cura mi angustia y esta maldita opresión que me perfora el pecho. Voy a tener que ir al médico. Con una pastillas seguro se me pasa, debe ser el cansancio. “Muchas horas dedicadas al trabajo” me dijo un taxista, con la sabiduría ganada en cada esquina, en cada semáforo, con cada bajada de bandera.
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Uno [Nueve segundos]
De nuevo los mismos pasos, como cada noche. Ese sonido hueco, seco, que me aturde y me penetra hasta los más profundo de mi cabeza. Ya los he contado una y otra vez; son treinta y siete golpes contra el piso de madera y luego, el silencio. Un momento en el que nada se escucha, vacío total, oscuridad, que dura exactamente el tiempo que me lleva contar hasta nueve, con el ritmo de un segundero. Nueve segundos que se hacen minutos interminables; porque ya sé lo que sigue. Treinta y siete pasos firmes, seguros; luego el mismo silencio, por otros nueve segundos; y de nuevo la misma repetición mecánica. |
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